El autocuidado para las organizaciones de la sociedad civil no es un lujo ni una indulgencia, es una necesidad fundamental para garantizar la sostenibilidad y efectividad en nuestras labores por la transformación social. Este enfoque está inspirado en movimientos feministas y prácticas colectivas.
Anna Langheinrich, consultora senior en Colectivo Meta
El origen del autocuidado en las organizaciones de la sociedad civil: un acto político
El concepto de autocuidado tiene raíces en el feminismo negro, particularmente en el pensamiento de Audre Lorde, quien afirmó que:
“Cuidarme a mí misma no es autoindulgencia, es autoconservación, y eso es un acto de lucha política” (A Burst of Light, 1988), Audre destaca cómo las mujeres negras, enfrentadas a múltiples sistemas de opresión, utilizaron el autocuidado como una forma de resistencia.
Este legado político trasciende lo individual y nos llama a cuidar también los espacios colectivos. Para quienes trabajamos en organizaciones de la sociedad civil, esto significa priorizar el bienestar interno como una estrategia indispensable para sostener nuestra lucha por el cambio social.
En este contexto, el autocuidado no se reduce a una práctica individual, sino que depende de dinámicas colectivas que fomentan apoyo, reciprocidad y justicia. Desde esta perspectiva, las organizaciones de la sociedad civil en Latinoamérica podemos inspirarnos en prácticas como las de las defensoras de los derechos ambientales, quienes integran el cuidado como parte de su relación con la tierra y sus comunidades. Y así, incorporar estrategias de cuidado que no reproduzcan lógicas extractivistas en nuestro trabajo.
El autocuidado como estrategia organizacional, ¿por dónde empieza?
El autocuidado en las organizaciones de la sociedad civil no debe limitarse a actividades aisladas como clases de yoga o pausas activas. Aunque estas iniciativas son valiosas, el cambio debe ser estructural, orientado a transformar nuestra cultura organizacional.
Algunas estrategias que podemos implementar incluyen:
- Horarios respetuosos: Establecer límites claros para la desconexión fuera del horario laboral.
- Flexibilidad laboral: Diseñar políticas que permitan el equilibrio entre vida personal y profesional.
- Priorización del descanso: Fomentar el uso de días libres y vacaciones como un derecho
- Cuidado colectivo: Crear espacios de diálogo y apoyo mutuo para compartir preocupaciones y necesidades tanto individuales como colectivas.
- Liderazgo humano: Formar liderazgos sensibles a las necesidades de cuidado dentro del equipo.
Estas acciones no sólo benefician a quienes formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil, sino que también fortalecen nuestra identidad alineándose con los valores de justicia que promovemos.
El costo del desgaste y el abandono en la organización.
Cuando ignoramos el autocuidado para las organizaciones de la sociedad civil, los costos son altos:
- Desgaste emocional: La exposición constante a historias traumáticas afecta nuestra salud mental.
- Rotación de personal: El agotamiento provoca la fuga de talento, encareciendo la contratación y la formación.
- Pérdida de impacto: Los equipos agotados son menos productivos y creativos, limitando nuestra efectividad.
Muchas organizaciones defensoras de derechos humanos en América Latina identifican el agotamiento como una de las principales amenazas a su labor. Esto subraya la urgencia de incorporar medidas de cuidado sostenible dentro de nuestras organizaciones.
¿Cómo integrarlo en la planeación estratégica?
El autocuidado debe ser un componente central de nuestra planeación estratégica como organizaciones de la sociedad civil, donde además participemos todas las integrantes ofreciendo ideas, experiencias de vida, expectativas. Algunas recomendaciones clave son:
- Diagnóstico inicial
Evaluar el estado actual del bienestar organizacional mediante encuestas, análisis de rotación de personal y revisiones de políticas internas. - Definición de objetivos claros
Establecer metas específicas relacionadas con el autocuidado, como reducir la sobrecarga laboral o mejorar la planeación de las actividades para el logro de objetivos. - Presupuesto establecido
Asignar recursos para implementar iniciativas como talleres de manejo del estrés o jornadas de reflexión colectiva. - Liderazgo comprometido
Asegurarnos de que quienes lideramos el equipo modelamos prácticas de autocuidado, inspirando al resto del personal. - Monitoreo constante
Evaluar periódicamente nuestras estrategias para adaptarlas a las necesidades cambiantes del equipo.
El autocuidado como congruencia ética
Las organizaciones de la sociedad civil buscamos promover derechos humanos, justicia socioambiental y equidad. Para ser congruentes con esos valores, debemos aplicar los mismos principios de cuidado a nuestras dinámicas internas.
Incorporar el autocuidado en nuestra planeación estratégica no sólo mejora nuestro bienestar, sino que refuerza la integridad y la sostenibilidad de nuestro trabajo.
El autocuidado para las organizaciones de la sociedad civil es tanto un acto político como una estrategia esencial para garantizar el impacto de nuestra labor.
Desde las raíces feministas de Audre Lorde hasta los enfoques colectivos de América Latina, esta práctica nos enseña que cuidar de nosotras mismas y de nuestros equipos es tan importante como cuidar las causas que defendemos.
Somos la huella del cambio
En COMETA, hemos adoptado prácticas que refuerzan este compromiso, como respetar los horarios de desconexión digital al limitar el envío de correos laborales entre 9 a. m. y 6 p. m., así como la recuperación de días trabajados en fines de semana o viajes de trabajo. Estas acciones no sólo protegen nuestro bienestar individual y colectivo, sino que también reafirman nuestros valores, mostrando que el cuidado es un pilar esencial para sostener el impacto social que buscamos generar.