Tres estrategias de resiliencia financiera para tu organización frente a contextos adversos

Ilustración de piezas de rompecabezas sostenidas por una mano, con íconos de planeación, sostenibilidad y alianzas, que representan las estrategias de resiliencia financiera para organizaciones de la sociedad civil en contextos adversos, con el logo de COMETA y ECOS.

En América Latina enfrentamos un contexto adverso marcado por el cierre del espacio cívico y un creciente riesgo de represión política. Por eso, desarrollar estrategias de resiliencia financiera se ha vuelto vital para asegurar la continuidad de nuestras causas. 

Maylí Sepúlveda Toledo, consultora externa en COMETA

Como organizaciones de la sociedad civil vivimos las consecuencias de restricciones legales al financiamiento, estigmatización de fondos externos y entornos económicos inestables. Por lo tanto, debemos planificar cómo sostenernos de forma segura, ética y autónoma, sin comprometer nuestros principios ni exponer a las comunidades con las que trabajamos. 

Te compartimos tres estrategias clave para una resiliencia financiera segura y con autonomía política:

1.Integrar la procuración de fondos en la planeación estratégica

La planeación estratégica debe incluir la procuración de fondos desde el inicio. Esto significa diseñar un plan financiero diversificado alineado con nuestros objetivos de largo plazo. Cuando anticipamos cómo financiaremos nuestras actividades, evitamos improvisar bajo presión y reducimos la dependencia de una sola fuente de financiamiento. De este modo, garantizamos resiliencia financiera para nuestra causa aun en tiempos difíciles. 

Investigaciones en la región confirman que la planificación y la profesionalización en la recaudación se traducen en mejores resultados y mayor impacto en la sostenibilidad financiera de nuestras organizaciones. De hecho, más de la mitad de las organizaciones de la sociedad civil latinoamericanas ya generan ingresos propios además de fondos externos. Sin embargo, muchas siguen dependiendo en exceso de su fuente principal de financiamiento, como se menciona en el informe Modelos de sostenibilidad financiera impulsado por Civic House, Donar Online y Kubadili.

Integrar la procuración de fondos en la estrategia institucional es, por lo tanto, una de las estrategias de resiliencia financiera más importantes que podemos adoptar para aumentar nuestra independencia.

2.Fortalecer a las comunidades de base: sostenibilidad financiera y agencia política

La sostenibilidad financiera también nace desde nuestras comunidades de base. Involucrar a las aliadas locales en los procesos que desarrollamos de manera conjunta, es una estrategia poderosa. Por un lado, aporta recursos locales que involucran a las comunidades en el financiamiento de las actividades que realizamos; por otro, evita enfoques asistencialistas en el desarrollo de nuestra labor y reduce el riesgo de reproducir relaciones de poder no deseadas entre las organizaciones y las comunidades de base. 

Existe un amplio consenso en que los fondos provenientes de la comunidad impulsan la sostenibilidad al fortalecer alianzas equitativas, respetuosas y legítimas, como lo menciona CIVICUS en este artículo que destaca los esfuerzos de grupos y activistas que promueven mejores prácticas de financiación y movilización de recursos valiosos para la sociedad civil.

Al incentivar que las comunidades con las que trabajamos aporten a los procesos (ya sea en especie, con su tiempo o económicamente), estamos reconociendo su capacidad de agencia y haciéndolas partícipes de la toma de decisiones sobre esos recursos. En contextos represivos, reconocer y valorar esta agencia comunitaria es una muestra de que nuestro trabajo no es extractivista y que se sustenta en una relación horizontal e igualitaria con las personas con las que colaboramos. 

Cuando hablamos de extractivismo, no nos referimos solamente a la apropiación de minerales o recursos naturales, sino a la extracción de saberes, tiempo, narrativas y experiencias de las comunidades para beneficio de las propias organizaciones o de sus donantes. Ocurre cuando se recolecta información, testimonios o prácticas culturales sin devolver beneficios tangibles a la comunidad, o cuando se imponen agendas externas que desplazan las prioridades locales. 

Este fenómeno puede derivar en relaciones asimétricas de poder, donde las comunidades se convierten en proveedoras de legitimidad, datos o “historias de éxito” que nutren reportes institucionales y campañas de financiamiento, sin que su agencia y necesidades sean realmente reconocidas.

El trabajo de nuestras organizaciones tiene sentido porque hay una comunidad con la que construimos un entorno más justo. Esta es una de las estrategias de resiliencia financiera más sólidas en un entorno hostil.

3. Construir alianzas financieras éticas

La ética en las alianzas financieras es otro pilar de nuestra resiliencia financiera. Nuestras organizaciones investigan cuidadosamente a los posibles donantes y evitan alianzas con actores que depredan el medio ambiente o que buscan legitimarse mediante el financiamiento a la sociedad civil. Muchas hemos enfrentado el dilema del “dinero sucio”: fondos provenientes de actores con antecedentes contrarios a nuestros valores. 

Antes bastaba con evitar aportes abiertamente ilícitos, pero hoy nos cuestionamos aceptar financiamiento de fuentes que no encarnan la misión y valores de nuestras organizaciones. Por ello, priorizamos colaborar sólo con donantes éticos, aquellos comprometidos genuinamente con el cambio social y que no buscan “lavar su imagen” a costa nuestra. De este modo, alineamos el dinero con nuestros principios. 

Cabe destacar que a nivel internacional se promueve cada vez más una filantropía diferente: donantes con enfoque antirracista y anticolonial que fomentan fondos locales y respetan el liderazgo de las comunidades del Sur Global. Contar con este tipo de aliados nos permite reforzar nuestra autonomía política, sin agendas ocultas ni dependencias peligrosas, consolidando así otra de nuestras estrategias de resiliencia financiera más importantes.

Nuestra sostenibilidad financiera tiene indudablemente un componente político. Así lo afirmó una activista Keniana durante un evento organizado por JASS y el Centro Feminista para la Justicia Racial. En momentos en que nuestros espacios cívicos se reducen, estas acciones nos permiten seguir adelante con autonomía y seguridad. 

Ejemplos en acción y alianzas éticas

A pesar de los obstáculos, existen ejemplos inspiradores de cómo las organizaciones implementan estrategias de resiliencia financiera de forma creativa:

  • Crowdfunding: El colectivo Sangre Fucsia financió el juego Feminismos Reunidos a través de micromecenazgo, recaudando más de 71 000 euros, muy por encima de lo esperado. Este caso inspiró a colectivos feministas latinoamericanos a explorar el crowdfunding como alternativa ética y comunitaria.
  • K’inal Antzetik trabaja con mujeres indígenas y mestizas impulsando autonomía económica, defensa del territorio y empoderamiento cultural. Ha logrado mantener su autonomía política combinando la producción artesanal de las comunidades con apoyos éticos de fundaciones internacionales, como MacArthur.
  • La Red Nacional de Acueductos Comunitarios de Colombia, gestionan el agua con contribuciones de las familias usuarias. Este modelo protege el acceso al agua y la soberanía territorial, sin depender de empresas ni gobiernos.
  • La Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) defiende al pueblo garífuna mediante radios comunitarias y litigio estratégico. Su sostenibilidad se basa en la autogestión y la solidaridad internacional, siempre cuidando su autonomía. Su trabajo ha sido reconocido con premios internacionales y en años recientes ha recibido recursos de la Fundación Rockefeller.

Estas experiencias demuestran que nuestras estrategias de resiliencia financiera pueden ser innovadoras y efectivas. 

El camino hacia una resiliencia financiera sostenible

Ahora ya lo sabes, al integrar la procuración de fondos en nuestra planificación estratégica, apoyar colectivamente nuestras causas desde la base y elegir con cuidado nuestras alianzas financieras, estamos tejiendo un futuro más sostenible y justo para nosotras y las comunidades con las que trabajamos. 

Sabemos que no estamos solas: existen redes solidarias y donantes éticos dispuestos a acompañarnos en este camino. Sigamos compartiendo aprendizajes y fortaleciendo juntas nuestras estrategias de resiliencia financiera. Así es como resistimos y florecemos, incluso en terreno adverso.